Malhgo

Memorias de un desempleado

Te cité para comentarte que vamos a prescindir de tus servicios"… Eso me dijo la gerente de aquellos tiempos.

Los despidos siempre se huelen; el propio, ¡uff! mucho más. Sobre todo si sabés que no tenías que estar ahí desde el principio. El discurso que viene después, para aminorar la situación, es de lo más falso.

Intentan levantar tu autoestima con la empatía más prefabricada.

Suena el discurso moralino, lo escuchás y vienen las preguntas internas... Pero ¿quién es esta mujer?. De verdad que le sé todos sus muladas, qué hace, cómo es. Es decir, ¿con qué moral me viene a decir a mi que soy un inepto? ¡Huevón, sí! ¿desmotivado? pues también... Un apellido de ínfulas como el de ella espanta a cualquiera en este país de arrastrados...

Durante toda mi estadía en esa agencia de publicidad me enteraba que mi jefa viajaba y viajaba, y no vendía nada. Después de tres meses de no llenar las arcas de sus amigos riquillos, inició la estrategia de ahorro: descartar personal rebelde, desobediente y como yo “los haraganes”. Fue la manera de encontrar al culpable de que la estúpida esa no vendiera.

Así es esa lógica del empresariado guatemalteco.

De pronto y llegó la puta hora del fin. Listo, un apretón de manos y, despedido. Agradecés y te vas como si te acaban de robar algo. Defenderse es postergar lo inevitable pero hay que hacerlo, muy relajado y seguro.

No sirve de mucho ser diplomático pero hacer berrinche es de inmaduros. Varias veces me pasa que ya estoy aburrido de trabajar ahí y cuando me rebelan el despido estoy a punto de darles un abrazo.

Con el tiempo te convertís en un “duro” y te “pela la verga”.

El despido es la humillación última para muchos; creo que también para mí. Talvez me importe más cuando esté viejo y haga el recuento de todas las oportunidades que perdí.

En algunas empresas, las que son honestas y tienen un poco de dignidad, es el jefe mayor el que hace el corte umbilical del aborto. Otras empresas te sacan de un papelazo, invocan todas las leyes del código de trabajo para sacarte, o, usan sus agentes de seguridad que llegan a tu escritorio y atestiguan como empacás las cosas. Es fácil verles a los agentes la erección luego de someterte y echarte. Por eso me encanta cuando me entero de mara que le avisa a su jefe que no va a llegar más y lo hace por un email o un mensaje de WhatsApp y además les dicen que ya están hartos de sus muladas y que se van a cagar en la empresa.

Estos “siervos sometidos”, se quedan haciendo guardia en tu escritorio para ver qué te llevás, y si falta algo, aunque sea un borrador, avisan lo más pronto posible para descontarlo de tu cheque.

Cuando ya estoy harto del lugar de trabajo, empiezo a acarrear basura como cajas de jugos, servilletas, papeles “que se me olvidan” tirar. Cuando llega el momento, solo agarro mi teléfono e imagino el encabronamiento del pobre cuate de la limpieza, ese que gana salario mínimo, quien va ensuciarse con el chicle que dejé pegado en la gaveta del escritorio.

Con el tiempo uno aprende a valorar malas noticias y a ver quién te las dice.

Así se mide a las empresas ahora.

Es duro, durísimo si es tu amigo el que te despide. Esa conversación es una daga que se lleva por unos cuantos años. Las traiciones a las amistades que te recomendaron para un trabajo y cuando luego se dan cuenta que sos un imbécil malagradecido, son cosas que no se borran así no más, con un perdón.

Como sea, luego del mal trago uno se siente liberado. Ya no estás sometido a la cultura empresarial y la redacción de los reportes inútiles. Recuerdo con rabia como me quisieron meter, a forzada exploración prostática, la “identidad empresarial”.

Es una cosa muy de moda dentro de las sociedades de control y más en las empresas chapinas.

Es la estúpida moralina de jefes millonarios que pagan sueldos mínimos para no pagar impuestos ni seguridad social. Esos mismos que quieren lo mejor de vos y tu profesionalismo para hacerse más ricos.

Así, bien mierdas.

Es un lavado de cerebro inútil. Intentan integrarte en una masa de fuerza positiva. Te quiere regalar un supositorio, te lo meten en el orto con el ánimo de combatir la idiosincrasia chapina.

Dicen amar a Guatemala pero odian al chapín, huevón por naturaleza. Y, claro, cuando despiden a alguien como yo y me tiran a la hoguera por ser un robasueldos, ardo de alegría al saber que vencí al status quo y me robé media docena de sus dineros.

Pero sigamos.

En fin, ellos rebuscan al guatemalteco de espíritu pobre, abnegado y sacrificado, te programan para que creas que sos capaz de terminar guerras mundiales y hacer revoluciones por la módica cantidad de un salario mínimo.

Ello se arman de literatura aspiracional, es decir, experiencias testimoniales y de éxito para que te inspiren. Se creen “leídos y escribidos” por que leen a Deepak Chopra, Paulo Coehlo, Dale Carniege, Tony Robbins, y ¿Cash Luna?.

Debido a ello son obligatorias esas lecturas pinches como: ¿Dónde (putas) está mi queso?, Controle su destino, Cómo Ganar Amigos e influir sobre las personas, 7 Consejos para la gente altamente efectiva, 7 consejos para esto, 7 para aquello, ¿Dónde putas dejé mi Ferrari mientras fui monje, Dios te quiere próspero y obediente y no pobre e inteligente, en fin, cualquier cantidad de estupidez que fomente un cambio de pensamiento para que ellos hagan más dinero y puedan ir cada 8 días de compras a Miami. (y vos a Megapaca, estúpido).

Aprendí a juzgar a la gente por lo que hace en su tiempo libre.

Soy lo que leo, escucho, hablo, ingiero y cago. Son verdades importantes y con esas ya sabés qué tipo de personas son. Superficial, sí. No entienden la poesía, la literatura de ficción. No saben qué es el Boom Latinoamericano; de Juan Carlos Onetti, de Julio Cortázar, y no seamos tan exigentes; les mencionamos Asturias y dicen: “Ah, sí aquel trabaja es camarógrafo en otra agencia”.

Si no haz leído un libro que ellos tienen de cabecera hay que tragarse el gesto de: "Qué mula sos". Ni te atrevás a decirles que Guatemala ganó un Nobel de literatura porque te corrigen: ¿y no fue Menchú que ganó pues?. Eso sí, se saben quién ganó y en qué categoría en cada uno de los Festivales de Antigua de todos los años.

Cuando llegan los despidos uno sabe que la banqueta se prepara para recibirte. Dependiendo de tu suerte, será al otro mes pero solo se alarga lo inevitable: el despido. Como siempre, no tener dinero despierta a la perra necesidad.

Es risible ver a aquellos que por dignidad renuncian antes creyendo que no vendrán penas, porque después, vienen a galope. “Dinero de hoy, hambre de mañana”, es lo que digo.

Es difícil este país porque los puestos de trabajo no son para siempre, solo para la sangre joven. Después de los 40 años conseguir un trabajo depende de tu habilidad de sobrevivencia. Así que es normal convertirte en un impostor y un vendedor de mentiras sobre qué hacés y sabés; todo por un trabajo que no te gusta.

Así que no queda más que seguir. Buscar allá en la nada del mercado laboral y no perder las fuerzas para no morir de pie.

Luego de esta elucubración regresé a mi escritorio.

Hago recorrido visual en toda la oficina. Agarro mi cuaderno y veo a la ciudad por la ventana del octavo, lo hago por última vez. Respiro hondo y abandono la oficina.

Como no hice amigos salgo sin despedirme de nadie. El alivio entra en mi cuerpo y soy libre, otra vez.

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