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Ricardo Arjona y su romance con una reportera ecuatoriana

Los diarios anunciaron su llegada en las primeras planas de la sección de espectáculos. Todo estaba listo para recibirlo. Como todos sabemos, las noticias llegan primero a las salas de redacción y demás medios masivos, así que cuando vi el boletín no solo pedí la cobertura de la rueda de prensa, también hice lo imposible para encopetarme e impactarlo.

Él llegó al lobby del hotel vestido de negro. Su cabello, en persona, luce menos rizo que en las sesiones de fotos que constan en su nuevo álbum, el que vino a promocionar y por el cual se originó este encuentro con los periodistas. Preparé durante un año las preguntas que le haría, lo mejor que pude hacer en mi vida, definitivamente.

Su rostro serio es ya una característica física inamovible. “Buenas tardes, Ricardo Arjona, bienvenido a Ecuador”, dijo el presentador y moderador de la rueda de prensa, alguien que se peina muy bien y a quien creo que he visto un par de veces en TV, pero cuyo nombre desconozco.

Los celulares de varios reporteros disparaban flashes y Ricardo no reaccionaba (debe estar tan acostumbrado a esto). Pedí la primera pregunta apenas llegué a la recepción, así que fui quien inició el interrogatorio. La voz me temblaba de los nervios, no podía creer que lo estaba viendo tan cerca, recuerdo que cuando vino al país para promocionar Quinto piso, compré un boleto para Cancha [gramilla] y aguanté golpes de los de Defensa Civil para llegar a Golden Box.

Ricardo, En el disco Santo Pecado incluyes un sencillo denominado Señor Juez, que alude a una manifestación al Gobierno, y en esta última producción discográfica, Independiente, escribiste Caudillo, con la que profundizas la vida de un servidor público, sin embargo, muchas de las canciones del álbum son románticas, ¿A qué se debe que incluyas en tus CD temáticas de corte protestante?”.

Terminar la pregunta fue como empezar a vivir de nuevo. Su mirada me penetró el alma (solo el alma, solo la mirada). Al responderme, no dejó de observarme:

Pienso y escribo lo que creo que debo plasmar, así hago mis canciones, no tiene ningún motivo especial”,

su respuesta fue tan tajante que pude ponerme a llorar, pero, al contrario de lo que quise hacer, me quedé a escuchar el resto de las interrogantes hasta que se acabó la rueda de prensa.

Estuvimos durante diez minutos, mi fotógrafo había salido de la sala, tenía otra cobertura. Un guardia con radio en mano se acercó a mí después de la reunión:

Ricardo quiere verla en privado”.

Mis ojos se abrieron tanto que el rímel con el que puse tiesas mis pestañas manchó la parte superior de mis párpados. Se me ocurrió llamar a mi tía Bella y a Frank, dos Arjonistas que se hubieran revolcado de la envidia por la noticia, pero no tuve tiempo, mi amor me esperaba.

La habitación estaba cubierta de terciopelo concho de vino y la cama era gigantesca. Solo he visto escenarios similares en películas porno. Él estaba sentado en un sofá, chequeando la nota que el periódico donde trabajo publicó ese día. “¿Tú escribiste esto?”, me preguntó. Tenía una sonrisa dibujada en mi rostro, no me la creía, traté de tranquilizarme y actuar de manera natural. En ese instante fui yo.

“Sí, la hice yo, no me digas, ¿hay un horror?”. La vio de nuevo e hizo un gesto facial en el que leí un ‘simploso’ “no está mal”.

Pusiste detalles que otros periodistas ya han olvidado, como el nombre de canciones que no son para nada comerciales, por ejemplo, El del espejo, y tu pregunta en la sala fue meticulosamente estructurada”, me dijo.

Lo vi sin dejar de pelarle el diente, me le fui de bola, caretucamente [con gesto sinverguüenza]. “Pero tu respuesta fue fría, como la protagonista de tu tema Iluso”, contesté.

Soy así. Justificó su egocentrismo y me preguntó sobre mi escritor favorito. El suyo es García Márquez, yo prefiero a Benedetti. Hablamos de poesía, cuentos y su vida. Ricardo jamás da entrevistas, así que le pregunté por qué me llamó.

Nunca una reportera conocía tanto de mí como tú”,

comentó, le sugerí entonces que me hiciera una canción, y le aclaré que yo no era una reportera, que yo era una fan a la que le encargaron una cobertura.

Nos tomamos un par de copas de vino. Antes de que se despidiera en mi celular sonó Ray Charles con la movidísima Mess Araund. Eran las 08:00. La hora indicaba que la reunión llegó a su fin, así como el mejor sueño del año.


La yapa que nunca falta:

 

 

 

 

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