No quiero que te vayas, solo quiero que te vengas

Ya no recuerdo (o no quiero recordar) como conocí a Leo, pero el caso es que comenzamos a vernos. A la tercera salida nos besamos y empezamos sesiones diarias de sexting. Era buenísimo y la cosa de verdad prometía, hasta que un día, de la nada, soltó que su especialidad era hacer que las mujeres se vinieran “de todas las formas posibles”, pero que él pocas veces lograba acabar.

¿Un hombre que coge sin venirse? Sé que no son máquinas y que, como las mujeres, muchos factores influyen para que a veces no alcancen el orgasmo. Hasta ese momento había estado más cerca de eyaculadores precoces que tardíos, así que ganó la curiosidad y la “ilusión” de que tal vez Santa Bibiana hiciera el milagro. Lo sé, error femenino número 1.

Me encanta tener orgasmos - ¿a quién no? - pero también que mi chico disfrute. Adoro verlos, oírlos y hasta contemplar ese acto del que tantas mujeres se quejan: que se queden dormidos después de acabar. Le di una mamada, probé con un par de posiciones, tuve un orgasmo, y 20 minutos después (no sé si de verdad fueron tantos) Leo seguía sobre mí “tratando”. Estaba duro, la estaba pasando bien (creo), y simplemente no pasó. No me daba por vencida y la segunda vez, a todo lo anterior, le sumé una técnica de la vieja escuela: un hand job. Tampoco funcionó.

Tal vez yo le estaba poniendo presión, así que en la tercera ocasión traté que las cosas fluyeran: masaje, jueguitos, las cosas que decía que le gustaban, pero otra vez nada. Entonces se salió de mí, se sacó el preservativo y me pidió que viera, pero no tocará. Comenzó a masturbarse, que más que placer parecía una lucha, hasta que finalmente eyaculó. Me besó, me dijo que estaba cansado y se dio media vuelta. Si algo sabe hacer Bibi en estos casos es seguir el protocolo: me vestí y pedí un taxi. Me fui con un poco de culpa y con la autoestima algo tocada: tal vez yo no le ponía lo suficiente. Hablamos un par de veces después del incidente, pero sabemos que coger habría estado de más.

 

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